No podemos dejar pasar la ocasión sin nombrar al "Famoso enterrador".
Antidio Aracama nació en Puente la Reina/Gares el 25 de junio de 1886 y murió el 27 de diciembre de 1964. Antidio Aracama era una persona normal de Puente, aunque, bueno, el cura en el bautizo le echó más sal que lo normal. Su medio de vida era la agricultura, completándolo además con el oficio de enterrador, oficio este que vulgarmente diré "le iba al pelo".
Tal fue la fama que adquirió que varios periodistas estaban deseosos de que les contase historias, anécdotas, Esto a él no le interesaba lo más mínimo, pues no le daba ninguna importancia. Por fin fue José María Iribarren en su libro El patio de caballos, libro en el que figuran varios personajes, el que logró, que le contase un buen ramillete de historias. Pero quien intervino para que éste encuentro se llevase a cabo fue, José Javier Uranga Santesteban, Director del Diario de Navarra. La entrevista se realizó en su "oficina" (el cementerio).
La entrevista comenzó con la presentación del escritor José María Iribarren a Antidio, por parte de José Javier Uranga. Así lo relata Iribarren:
- Mira; éste es el amigo escritor que quería conocerte.
- ¿Conque es usté el que escribe en los papeles y en los libros? Pues tanto gusto. No le quiero dar la mano porque le dará asco.
Echó afuera la pala y el azadón, y se plantó de un salto ante nosotros.
- ¿Qué hacías ahí?
- Sacando güesos y abriendo hoyos pa los que vengan, pero ya lo terminaré mañana.
Le pregunté ¿Cuántos años tienes, Antido?
- No lo sé, que he perdido la cuenta. A mí me pasa como a aquel pastor viejo, que le preguntaban cuántos años tenía, y contestaba: 'Los años no los cuento. Las ovejas sí. Las ovejas las cuento tos los días, pero los años no. ¿Pa qué? No hay miedo que se escape ninguno".
- Oye ¿ Y a ti por qué te llaman el Ruso?
- Porqué, mira, cuando en la Francesada entraron los franceses en el pueblo y echaron bando pa incautarse de las bodegas, mi bisabuelo, antes de que ellos chupasen el vino, cogió el hacha y ¡ris riás!, rompió las cubas y echó toa la cosecha por el suelo. Los franceses siguieron pa matarlo, y él se escapó a esconderse en el molino. Al otro día lo pescaron; y a él por lo de las cubas y al molinero por esconderlo. Los llevaron presos a Francia. A los cuatro años le dijeron que lo perdonarían si se hacía soldáu. Dijo que sí; lo llevaron a la guerra a Rusia, y en cuanto pudo se pasó al contrario. Estuvo con los rusos un tiempo. Una noche, cuando estaba de guardia en Sebastopol, les dijo '¡Ahí os quedáis!' y, andando, andando, se vino al pueblo. El Ruso le llamaron, y Ruso se quedó él y toda su casta.
- ¿Sabes, Antidio, que eres un filósofo?
- ¿Lo que es eso?
- Un sabio. Un pensador.
- Eso sí. Pensar sí que pienso. Aunque no lo creáis, yo aquí, a mis solas, cavilo mucho. Y viendo muertos, y cuando estoy abriendo los pozos, u en las autosias con los médicos aprendo muchas cosas y le doy vueltas a mi cabeza. Porque, lo que me digo. La cabeza ¿pa que nos la ha dau Dios? Pa discurrir. Muchas veces, cuando en la autosias el médico saca las partes de la cabeza, yo me pregunto ¿Y con tanta cosa que llevamos, ¿Cómo habrá tantos tontos?".
Una anécdota de Antidio Aracama que es de dominio popular es la siguiente:
Tres mozas del pueblo, tenían novios. Los mozos, hay que decirlo, eran altos y guapos. Pero vinieron unos militares, y acamparon en Puente. Como lo nuevo siempre llama la atención, estas tres mozas "ligaron", con los militares. Iban paseando las tres nuevas parejas por el camino del cementerio, pues estaba un poco apartado del pueblo, y ellas pensaban, aquí no nos verán. A mitad del camino, y de repente, una de ellas se fija en que sus novios entraban en el camino.
Rancaron a correr, y no tuvieron más remedio de ir al Camposanto. Tuvieron la suerte de que eran sobre las siete de la tarde, verano, y estaba Antidio allí. Ellas entre sollozos le pidieron que las escondiera. Antidio les dijo que en aquel momento cerraba, pero que ya les haría ese favor advirtiéndoles que les dejaba cerradas, que iba al pueblo a dar una vuelta a las tabernas, pero que volvería hacia las nueve para abrirlas, y que pudieran salir. Las mozas aceptaron. "No tenían más remedio". Antidio se fue y las mozas allí se quedaron.
Como era verano, y las horas iban pasando, de repente vieron una especie de llama que salía de una de las tumbas. No les dio un síncope de milagro. Hay que resaltar que esto en verano es un fenómeno natural, pues las tumbas acumulan gases, y con el calor, por las noches los expulsan.
Antidio estaba tan feliz con sus amigos, y de repente se acuerda y dice ¡Madre mía, si tengo a tres mozas cerradas en el cementerio. Pero si son las diez de la noche! Echó a correr, dejando a su cuadrilla boquiabierta, pues no sabían de qué iba el asunto.
Cuando llegó, las encontró a las tres, llorando, gritando, y acurrucadas entre sí. Esta lección, les habría servido para no ir de ligonas. Pero los novios, inocentes ellos, no se enteraron de nada.