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HISTORIAS, LEYENDAS Y ANÉCDOTAS
DE PUENTE LA REINA/GARES

El cambio de la talla del Cristo del Crucifijo

Historia del Conde de la Rosa

Sasuna, Sasuna

Inventos modernos

El cambio de la talla del Cristo del Crucifijo

El convento del Sagrado Corazón de Jesús está regentado en la actualidad por los Padres Reparadores, desde que el padre Guillermo Zicke, de origen alemán, adquiriese las ruinas en que se había convertido el antiguo convento por tantos cambios como había sufrido: cambio de comunidades, refugio de peregrinos, guerras, hospitales, y al final cuartel del ejército.

El padre Zicke llegó a Puente el 29 de septiembre del año 1918. Ya venía asesorado de cómo se hallaba el lugar. Desde el año 1905, estaba desierto y lo habían puesto en venta, pero dado el estado en que se encontraba no había compradores. El padre Guillermo Zicke vino enviado por el fundador de la orden, padre León Dehón, de origen francés, para ver si era posible reconstruirlo e instalar un convento de religiosos de la mencionada orden del Sagrado. Corazón de Jesús.

El día 3 de octubre del mismo año, adquiría el edificio en pública subasta, poniéndose sin pérdida de tiempo a repararlo ayudado por otros miembros de la orden que vinieron de diferentes países. Se instalaron como pudieron el 27 de diciembre del año 1919.

Hay que rendir homenaje a este religioso, Padre Guillermo Zicke, así como al fundador de la orden, el Padre León Dehón, por el tesón y valentía, para enfrentarse a semejante reto. Después de tantos años, aún hoy en día están en reparaciones, reformas, etc.

Entre tantos cambios hubo una época en que fue necesario sacar las tallas de Nuestra Señora de los Huertos, y la del Crucifijo de la iglesia conocida como del Crucifijo, por el estado ruinoso en que se encontraba y los saqueos que existían.

A la talla del Crucifijo en concreto se la instaló en la parroquia de Santiago, en la mitad de la calle Mayor. La nave elegida fue a la entrada a mano izquierda entre la pila del agua bendita, y el púlpito que existía por aquella época. No se sabe con exactitud el año del traslado a la iglesia de Santiago, pero para la historia queda lo siguiente.

Los vecinos del pueblo acogieron con mucho cariño la talla del Crucifijo. Tanto es así que se hicieron a la idea de que se iba a quedar en la Parroquia de Santiago para siempre. Pero una vez los Padres Reparadores tuvieron restauradas la iglesia con las naves, la primera para Ntra. Sra. de los Huertos, y la segunda para el Crucifijo, pidieron al párroco de Santiago que devolviera la imagen del Crucifijo a su lugar de origen.

Se preparó una gran fiesta, y el traslado lo hicieron en procesión de la parroquia de Santiago a la iglesia del Crucifijo, dejándolo instalado en su sitio, lugar en el que hoy en día se puede apreciar en toda su belleza.

En el lugar que había ocupado durante tantos años la estatua del Crucifijo, el Párroco y la junta de la iglesia, instalaron dos nuevas estatuas: una la del Sagrado Corazón de Jesús, y la otra la del Sagrado Corazón de María. Pero los vecinos de Puente tan propicios a sacar punta a todo, decían unos a otros: "Ya tiene que ver, que hayan quitado a un hijo del pueblo (por el Crucifijo), para instalar a dos aldeanos". (Aldeano en Puente se llama a toda persona de fuera del pueblo).

Historia del Conde de la Rosa

En la Calle Mayor de Puente, en el número 87, muy cerca del "Puente románico", existe una casa que, a simple vista, se observa es muy señorial. No en vano en tiempos pasados perteneció al Conde de la Rosa. Esta casa actualmente está habitada por descendientes del Sr. Gregorio Goldáraz.

La historia se remonta a bastantes años atrás, unos 125 aproximadamente. El Conde de la Rosa era un señor que poseía una importante cantidad de tierras repartidas en los alrededores de Puente: ermita de San Marcial en Sarría, tierras del término de Sarría, montes de la parte del puerto del Perdón, que hacían muga (incluso hoy en día siguen las mismas mugas), terrenos del caserío de Agós, al otro lado del río Arga, Echauri, Basongaiz, Belascoáin, etc.

La casa estaba habitada por los citados Condes y familia. Tenían varios empleados para el servicio de la casa, y para conservar los jardines, caballerizas… (todo ello sigue existiendo en la parte trasera de la casa, que tiene una gran muralla y puerta, con salida a la calle Don Emilio Arrieta). El señor conde, se dedicaba a controlar a las personas que tenían arrendadas sus tierras, y el resto del tiempo a leer, pasear, y bastantes ratos a las partidas de cartas con sus amigos. En decir verdad era gran aficionado a las partidas de cartas.

Cuando contaba mediana edad, cierto día jugando su partida cotidiana, no supo controlarse, y se jugó todo lo que poseía a una carta. La carta era la sota de oros. Se comenta que su adversario podría haber sido, el Conde de Guenduláin, (detalle que no se sabe con certeza). Lo que sí parece ser cierto es que el Conde de la Rosa, esa noche de juego, perdió toda su fortuna, tal y como se la había apostado. Cuentan que llegó a casa, y le dijo a su señora: "recoge tus enseres personales, que nos vamos, pues he perdido en una partida de cartas todos nuestros bienes, incluida la casa". La misma fuente sigue contando que la señora, hizo lo que su marido le dijo, y no le reprochó lo más mínimo. Aquella misma noche se fueron de Puente, y poco se ha sabido acerca del lugar a donde se dirigieron.

¡Sasuna, Sasuna!

Hace aproximadamente unos 50 años de la historia que me tocó ser testigo. Cuando empezó el equipo del Club Atlético Osasuna ya "en plan serio", conforme iba ganando el equipo e iba subiendo de categoría, iba creciendo el entusiasmo de los aficionados al fútbol. Tanto era así, que en todas partes no había otro tema de conversación que el de Osasuna.

Un señor de Puente que vivía en la calle Mayor, de 75 años de edad y que nunca había oído hablar de fútbol, estaba realmente aturdido por el alboroto que se había armado en torno al tema. Un día que estaba de poteo por las tabernas de la calle Mayor con su cuadrilla, el buen hombre no pudo aguantar más y todo ufano soltó la siguiente frase: "Sasuna, Sasuna, ni que no habría otro hombre más importante que él".

Entre sus amigos había algunos que sí conocían el tema y las risas y carcajadas duraron buen rato, quedando la anécdota para la posteridad.

Inventos modernos

En aquella época, hace ya más de 50 años, a la ciudad, (a Pamplona), se iba poco, una o dos veces al año, unas veces en barro, otras a caballo, o en carretas, e incluso andando. Pues bien, un señor de Puente tenía que ir a la ciudad para arreglar asuntos, y hacer algunas compras.

Después de llevar unas cuantas horas en Pamplona, sintió ganas de hacer sus necesidades, y preguntó dónde podía hacerlas. Uno de los transeúntes le indicó los baños de la Plaza del Castillo, (que estaban recién inaugurados. El hombre se dirigió a los baños y una vez hizo su quehacer personal, no le parecía correcto dejar aquello allí sin limpiar, pero miraba por todas partes y no daba con la forma de acabar con el problema. Por fin ya localizó una cadena que salía de la parte del techo, y le dio. ¡La que armó!

Cómo no paraba de salir agua, al buen hombre no se le ocurría cómo podía parar aquello, por lo que optó por pedir auxilio. El personal que estaba al servicio en los baños, al oír los chillos, fue al lugar a ver qué es lo que ocurría, pero para ese momento, el calderín ya había dejado de expulsar agua. Le atendieron del gran susto que se había llevado, explicándole que esos aparatos estaban recién inaugurados, y que era lógico que él no los conociera. El señor ya quedó más tranquilo, pero el susto le duró un buen rato.

Hay que decir que por aquellos tiempos, en los pueblos, no disponían de agua en las casas, y era solamente la gente muy pudiente la que podía disponer de una taza de water en su casa, que por supuesto desembocaban en pozos mudos, instalados en los patios, y tapados con piedras redondas con varios agujeros como respiraderos. A estas pozos se les llamaban sumideros, por lo que no es de extrañar la sorpresa de aquel señor ante estos inventos modernos.